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¿(Re)inicio parisino?

Paris

28 de mayo 2026

Comienzo un cambio. Después de vivir completamente sola en esta ciudad cosmopolita que, a la fuerza, todavía sigo intentando hacer mía, la vida me ha presentado una sorpresa. Mis padres, vendrán a compartir este espacio de tierra.

Este evento viene poco antes de mi cumpleaños de existencia en Paris. Y me hace reflexionar sobre esta ciudad que llamaba mía, con toda la experiencia que me ha dado. Aquello bueno, malo, feliz y triste. Ciudad, que me ha permitido obtener la independencia económica que tanto estaba buscando. Y que ha sido para mí, como para muchas personas, encontrada bajo la gran y amplia bandera de: la migración.


Migrar.


Qué palabra tan simple, tan compleja, y con tanto peso en nuestras realidades contemporáneas. Seis letras que sostienen tantos odios, anhelos y la característica de tantas personas que conozco. Yo misma he cargado con ella como autodefinición durante toda mi vida. Y, precisamente, migrar a Paris es tremendo privilegio.


Mi llegada y, definitivamente, este primer año no han sido fáciles para nada. Mi vida, no fue como las influencers que llegan a Paris y parece que fue la mejor decisión que hayan hecho en toda su vida. En mi caso, todo lo contrario. Ni se acerca a encontrarse entre las cinco mejores. No es como que llegué aquí y todo se solucionó. Cosa completamente contraria a mi experiencia vivida en Budapest.


En este año, más de una vez llamé llorando a mi madre por teléfono contándole lo sola que me sentía. Haciendo lo mismo con mi mejor amiga, a quien llamaba a lágrima viva por lo preocupada que me sentía por estar sola enfrentándome a despido, cambio de casa, pagos enormes de adulting y mil cosas más que pasan en el día a día.


Me he ido haciendo poco a poco, aunque los primeros meses de inverno me dieron duro, sin saber yo dónde estaba parada. He ido sobreviviendo y viviendo toda esta gran experiencia. ¿francés? Lo sigo llevando mal. Aun así, ya puedo mantener un mínimo de conversación con el mesero del café de confianza, al que voy antes de comenzar el tour. Puedo rellenar formularios más tranquilamente y hasta he ido al doctor en este idioma.


Siento que mi francés representa cómo me siento de extranjera todavía en la ciudad. Muy cortado, con mal acento, a trompicones y cuando llego a entender varias ideas a la vez, bastante adictivo. Que noto que estoy entendiendo y eso hace que me emocione. Después, se rompe la magia y puedo pasar 4 semanas sin enterarme de nada. Odiando el idioma y queriendo dejar de estudiar.


Mi experiencia, día a día, se siente como esas 3 o 4 palabras favoritas que he aprendiendo prácticamente de sorpresa su significado. Las que me parecen de lo más divertidas o tiernas. Avocat, à bientôt, soirée (y alguna más que se me estará escapando seguro). Con ellas, nunca he conseguido formular una frase coherente. Pero logran emocionarme cada vez que las veo representadas en carteles, pancartas, tiendas y cuando las escucho en conversaciones.


Así voy en Paris. Con trocitos de gusto, que muchas veces se hacen demasiado pequeños y pocos, pero nunca inexistentes. Y sí, valen muchísimo la pena. Por eso me quedo, por eso estoy acá. Aunque no sepa cuánto tiempo más me gustaría seguir estando en Paris.


En definitiva, comienzo nueva vida con mis padres aquí en Paris. Sí, eso hace que mi vida vaya a cambiar en varias cosas y mi rutina también. Lo cual, no es malo, pero será una nueva versión de Paris por conocer.



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Lov u all!

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