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Sobre lo que guardan en común Brooklyn (2015) y Morat

Reflexiones de cierre en este "mientras tanto"

02 de junio 2025

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Después de estar ya dos meses de regreso en mi país, me viene a la cabeza cada vez más la película Brooklyn, dirigida por John Crowley y protagonizada por mi amada Saoirse Ronan. En ella, vemos a Eilis migrar a Estados Unidos por temas económicos y de futuro. Después de un tiempo haciendo su vida, debe regresar a Irlanda. Y es aquí donde mi cerebro se siente identificado.


Cuando Eilis marcha a buscar el sueño americano, su ciudad no le ofrece nada. No tiene trabajo, no tiene pareja, de alguna forma debe seguir adelante, pero no existen las posibilidades. Cuando llega a Estados Unidos, empieza a salir a adelante. Tiempo después, con los aires de modernidad importados del contexto estadounidense en la época de los 50, Eilis regresa a su Europa magullada por las guerras y se vuelve el centro de atención de todo su pueblo. En ese momento, Irlanda le entrega por fin, todo aquello que ella siempre había soñado. Un buen chico la corteja, le ofrecen un buen trabajo y marca tendencia a donde vaya. El final, ya lo dejo para los curiosos.

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En este tiempo, me he sentido un poco así. Parecía que iba a existir una historia de amor más estable, de esas que me gustan a mí, y con mis amistades empezamos a crear proyectos artísticos que me han llevado a pensar que podría abrirme puertas laborales aquí, en mi país. Después de todo, tengo algunos contactos, mi área tiene menos profesionales y aunque el nicho sea muy pequeño, todavía hay mucho aire comunal para hacer que las cosas pasen. Como hemos hablado mi madre y yo varias veces durante estos días, mi vida aquí está bastante bien y no está nada mal.


Pero, graciosamente, mi destino me pone las cosas más fáciles que a Eilis. La historia de amor no llegó a ninguna parte, prácticamente ni empezó. Mi trabajo fuera se mantiene en pie y prefiero mucho más lo que tenía planificado, que dejarlo todo para realmente vivir aquí. Lo que sí, este tiempo me ha hecho darme cuenta de ciertas cosas. La primera: después de muchos meses del año pasado con el corazón roto, ya estoy completamente lista para ilusionarme y desilusionarme otra vez. La segunda: que cada vez me parece más complicado que una persona se arriesgue conmigo porque entre más madura me hago, más pequeño y extraño se vuelve mi espacio de atracción. ¡Oh! Y la tercera, que, en la Elena de ahora, todavía existen muchas cosas de la Elena adolescente y la Elena niña.

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¿Y por qué creo que es más complicado que una persona se arriesgue conmigo entre más años tengo? Porque soy una Miranda -en su seriedad feminista, independencia y ganas de mandar a todos los onvres a mierda- con aspiraciones de Charlotte -la típica hoppeless romantic que puede ver en cualquier película una narrativa de romance-, con la autoestima de Samantha - siendo gran aliada de su libertad sexual. Apoyándola, sin necesariamente imitándola, porque para mi vida yo busco otras cosas. Pero sí que sigo su ejemplo de hablar sin tabúes de la experiencia femenina. Aunque para este mundo, todavía es una amenaza, incomodidad y "de mal gusto" expresar realidades femeninas en todas las áreas, pero, sobre todo, en las relacionadas a la sexualidad- y deseando tener en común con Carrie su gusto por la moda. Pero debo ser sincera conmigo misma. Me declaro culpable que en muchas de mis relaciones amorosas pasadas me he sorprendido queriendo -y rogándole amor- al par de Mr. Big que me he encontrado por el camino.


Toda esta mezcolanza, como acento ambiguo y mixto que mi vida me ha regalado, hace que salir conmigo sea muchísima personalidad para débiles, muchísima seriedad para la nueva oleada de hombres con inclinación a la libertad romántica y muchísima iniciativa para aquellos que les interesa encontrar a sus Charlottes. En el fondo, siento que con cada experiencia que voy sumando, se muestra más claramente ante mí el monstruo Elisasue -The Substance, 2024- de mi personalidad, y se va haciendo cada vez más pequeño el chance de encontrar mi lugar en el mundo. Como dice mi amiga escritora Larissa Rú: "Nos toca aceptar la monstruosidad de los hombres, pero: ¿en qué mundo se ve que un hombre acepte la monstruosidad de una mujer?" No me mal interpreten, no me arrepiento de nada y me encanta vivir mi vida como la vivo: desde la suerte de privilegio que es mi pasado, mi presente y, muy seguramente, será mi futuro.

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Por eso, sigo tranquila en mi ruta, explorando cada vez más quien soy yo. Quién me voy convirtiendo con el cariño, vulnerabilidad, humildad, caridad y empatía que doy a todas las personas que amo y, de manera más importante, que me doy a mí misma. Para mí, eso es lo que significa amar. Amar en todas sus formas. Ese amor que nos saca realmente de nuestra zona de confort, porque nos hace replantearnos lo que somos, cómo somos y hacia dónde queremos ir. Que nos pone frente al espejo y refleja nuestra monstruosidad. La meta: poder disfrutar del amor.


Pero, a eso sólo llegan aquellos que ven ese terror con ojos de ternura, lo aceptan y lo abrazan. Para hacerlo, toca abrirse precisamente a ese cambio. Y es así como, amar, se vuelve esa energía que reduce la incomodidad de la incertidumbre. Que reduce el miedo a vivir, el miedo a explorar y a cumplir tus sueños. Pero, sobre todo, reduce el miedo a la vulnerabilidad. Por eso, yo siempre seré gran defensora, de que vivimos para amar.

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Ahora sí, lo que sí me ha regalado este tiempo de regresar, es encontrarme con ciertos gustos míos de una manera más pasional. Es darme cuenta de dónde, cuando y cómo comenzaron y agradecer que siguen vivos. Todos esos recuerdos, recuperados por la arquitectura urbana que me rodea, por los sitios y lugares que extraigo de mi memoria. Por ejemplo, es volverme a enamorar -no que haya parado alguna vez- de la música de Morat. Tiene cierta belleza escuchar en los mismos caminos y paisajes, esa canción que me hizo amarlos -en mi época de no pagar Spotify premium y que me obligaba a esperar la semana entera escuchando una playlist en orden aleatorio y que sólo podías saltar 6 canciones en 24 horas-. Esa misma canción que me llevó a integrarles a mi vida y que me ha ayudado a ponerle una banda a muchos de mis heart-breaks. Y, también, me da risa darme cuenta de que su 'antes de los 20' son para mí mis 'antes de los 30'. Al parecer, 'antes de mis 20' no había tenido tantas viejas glorias que inspiraran canciones.

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Lov u all!

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