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Paris

18 oct
2 min de lectura

18 de octubre 2026

Los restos de una ciudad en llamas. Al final, eso es Paris hoy 18 de octubre del 2026. De unos jóvenes, hartos, incómodos. Por lo menos, se les ha dado la educación necesaria para ver que, si no eres tú quien sale a proteger sus derechos, nadie lo hará por ti. Como se dice siempre, se lleva años conseguirlo, fácil es perderlo. Y estos jóvenes, lo entienden.


Se salió a las calles porque es la única manera de lograr un cambio social. Puede que no hoy, ni mañana, pero se logrará. Las calles también nos pertenecen. Aunque parece que sólo se nos permite estar ahí cuando no molestamos. Si ayer Paris ardió, es porque no se puede más. Y lo que parecía hasta ahora un Paris mudo, tranquilo, cotidiano, por fin ha despertado. No defiendo la violencia. Pero la violencia emerge en un pueblo que, día tras día, vive sometido a ella. Es precisamente esto lo que hay que cuestionar.


Cuando yo llegué, París con su alta torre, sus museos y símbolos de libertad, me parecía una gran fachada de antiguas leyendas de realidades que no coincidían con lo que se veía. Los chalecos amarillos, el mayo del 68, la comuna de parís, la gran revolución francesa. Todos símbolos de sus grandes luchas, de cambios para el mundo y, sobre todo, de instigar sueños, aires y llamas de esperanza para el mundo entero. Todo ello, parecía dejado atrás. Me encontré con una Paris de problemas con la vivienda- cara, pequeña e insuficiente- trabajos precarios, precios de los productos alimentarios excesivos, discriminación, poco presupuesto para la cultura y educación. Que incluso las pequeñas huelgas que se organizaban, eran olvidadas por la población al día siguiente. En consecuencia, una ciudad arisca, decepcionada, molesta e incómoda. Una París que no recibe al extranjero ni al nacional ni a nadie, a todo rechaza.


Pero los símbolos de estas grandes luchas, ayer, se reactivaron. Los jóvenes nos llevan demostrando casi un mes, que esa Paris no se ha perdido. Que esa París sigue palpitando debajo de todo lo demás. Ha respondido a su legado histórico con manifestaciones que permiten seguir llamando a Paris como la ciudad de las luces. Siguen poniendo el cuerpo, por algo que saben les ayudará en el futuro.


Una persona pensante, sabe el poder y la importancia de una educación universal y crítica. Una educación que nutre mentes y rompe con odios vacíos. Una educación que empatiza al pueblo y rompe con fobias vanas. Una educación que da la cara por todos nosotros y protege en el ahora, pero, sobre todo, en el futuro. Y esto, los estudiantes de Francia, lo saben.


Lo que me ha dado estas últimas protestas, con todos sus pros y contras, es volver a tener esperanza. Esperanza que estas nuevas generaciones, a pesar de haber sido llamadas las más individualistas y las menos organizadas, nos han mostrado que no son apáticas. Que los jóvenes siguen existiendo como público con poder político y debemos prestarles atención. Que no se quedan con la cabeza gacha. Han mostrado al mundo que hoy, todavía, el pueblo unido e ideado tiene la agencia del cambio.


-Y hablo de París porque es la ciudad que vivo-

 
 
 

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