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Soy “mala tica”

hace 2 horas
2 min de lectura

Siempre soy tu animal materno

07 de octubre 2026

En las salas de cine

No sé cómo comenzar esta reseña de otra manera. Y, tal vez, ni es una reseña; es simplemente una aceptación, una declaración.

Uno de mis mejores amigos, de los que más quiero, me lo dijo hace unos años, y es algo que me ha acompañado cada vez que conozco nuevas personas desde entonces. Cuando lo afirmó a un grupo de amigos, me detuvo en el acto. Como si hubiera llegado yo a una pared de realidad, evidente y clara, que nunca antes había visto, pero que siempre había notado.


Creo que esa frase es la mejor manera de expresarla identificación que sentí con el personaje de Elsa en Siempre soy tu animal materno (2026). Elsa llega a una Costa Rica natal, común, cotidiana y, de cierta manera, olvidada. Lo que se encuentra es un mundo tan natural y ajeno a ella. Donde los personajes son los mismos, pero no los reconoce. El complejo sentimiento del migrante que regresa.


La falta de presión, de cambio y crecimiento que se muestra como característica de Amelia, donde se crea ese abismo entre las dos hermanas. La madre como unión, puente y hasta antagonista. La sombra de ese padre ausente. Se genera una historia de personajes complejos, que, independientemente de su edad, se auto descubren poco a poco y que marcan una cultura de una pequeña ciudad no europea y poco conocida por quien no es tico.


Esa Chepe, nuestra San José, mi ciudad natal. -Poniéndolo así, se me hace hasta raro escribirlo. Creo que nunca he tenido que formularlo de esa manera-. Desordenada, calurosa, ruidosa, dejada. De pocas aceras -y las que hay, poco marcadas, para mostrar su clara inclinación por el uso del carro-, de comida callejera y música esquinera. Su presencia es tan arquitectónica en los sucesos del largometraje que se vuelve casi táctil para el espectador. Para quien la ha vivido, que sus raíces se encuentran atadas a la tierra bajo ese asfalto roto por la hierba y árboles que crecen sin límite, su imagen cruda en la pantalla se vuelve más una oda que una crítica. En definitiva, de las mejores representaciones de su esencia.


Precisamente, con esa misma sutileza que va hablando de la cultura de Chepe más que de hacer una representación de las relaciones específicas de esa familia, nos va mostrando cómo Elsa es ese perfecto ejemplo de ser “mala tica”. Una tica que no se adapta a regresar, que no ve el volver como algo bueno, que le genera casi cierto rechazo eso que tiene en frente. Que no entiende por qué o para qué se actúa de esa manera, o de dónde viene esa falta de intención de crecimiento propio. Que el cambio brilla por su ausencia. Mala tica es saber que Costa Rica ya no es tu hogar y, mucho menos, tu lugar en el mundo.

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